Uuuuffffff, desde luego que esos bichos son unos auténticos arrasadores de todo lo que pillan por delante.
Totalmente de acuerdo con los comentarios de Rayco.
Receuerdo verlos en su día en un corralito que les hicieron, mientras se aclimataban, en las proximidades de la Cumbrecita. Próximo al mirador, dentro ya de La Caldera. Creo que era allá por el año 1.973. Eran, así a ojímetro unos 10 o 12. Después de un tiempito los soltaron allí mismo. En los primeros dos o tres años casi nada se supo de ellos, pero pronto empezaron ya a dejarse ver. Se multiplicaban como conejos y ya en los años 80 se habían convertido en una auténtica plaga. Arrasaron con todo lo que había en La Caldera y en los montes aledaños y empezaron a bajar a comer hacía zonas pobladas. Por las zonas de medianías altas de todos los pueblos limítrofes a al perímetro de La Caldera (que son casi todos) se dejanban ver cada día con mayor asiduidad, ocasionando daños. Se comían los cultivos de forrajeras, como los tagasastes. Se comían hasta los sembrados de las huertas. Y por comerse se comían hasta la comida que los ganaderos echaban a sus cabras o vacas. Llegaban hasta los corrales y a comer se ha dicho.
a partir de ese momento se autorizó y además se incentivó su cacería. Los cazadores les dieron unas buenas batidas y desaparecieron/retrocedieron de las proximidades de las zonas pobladas, refugíandose de nuevo en ese gran e inexpulnable refugio natural que es La Caldera, que al ser un Parque Nacional no se permitía su caza. Ya posteriormente, a finales de los 90 y hasta la actualidad, se han llevado a cabo batidas selectivas y con el fin de reducirlos significativamente en el interior del Parque. Batidas, por cierto, no exentas de gran polémica.
Está claro que casi nunca que se reintroduce una especie foránea en un ecosistema los resultados son buenos.