Mercurio posee más hierro del esperado
El 29 de Septiembre, el artefacto espacial realizó su último acercamiento a Mercurio, para luego “insertarse” en una órbita estable en torno al planeta, en el año 2011. A pesar del inesperado comportamiento de los instrumentos durante la maniobra, estos recolectaron datos de alta resolución e imágenes a color, revelando otro 6% de la superficie de Mercurio. Los datos obtenidos reducen a tan sólo un 2% la superficie aún no observada del planeta, la cual se ubica en sus polos.
Este tercer y último sobrevuelo al planeta fue especial debido a que por primer vez se observaron zonas de su ecuador desde muy cerca (específicamente, a menos de 560 kilómetros) y sirvió para explorar, entre otras cosas, a un extraño cráter de “borde doble” existente en la superficie de Mercurio. Fue también observado, pero en menor detalle, en otro sobrevuelo anterior de MESSENGER y ha sido llamado la “cuenca de Raditladi”.
Brett Denevi − de la Arizona State University en Tempe − indica que esta cuenca está muy bien conservada y que su edad está estimada en 1000 millones de años, lo que la hace bastante joven. La investigación de esta estructura es importante porque podría contener material volcánico relativamente reciente, que serviría para reescribir la historia de evolución del planeta.
Los datos entregados también han permitido estudiar las cantidades de sodio en los alrededores de Mercurio, las cuales resultaron ser muy cambiantes, haciendo de la exósfera del planeta una de las más dinámicas del Sistema Solar, a pesar de su pequeñez.
Tal vez la conclusión más significativa e interesante de este fructífero tercer sobrevuelo, es una nueva cuantificación de las cantidades de hierro y titanio que existen en la superficie del planeta. En observaciones anteriores, realizadas desde otras sondas y telescopios terrestres, aparecían pequeñas concentraciones de ambos elementos, dejando entrever que también la corteza mercuriana también era pobre en esos químicos.
Pero, la sonda MESSENGER vuelve a sorprender a los científicos, y muestra fehacientemente cantidades más grandes de las predichas anteriormente. David Lawrence, del Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory, indica que las concentraciones nuevas son comparables a las que existen en el suelo basáltico de los “mares” de la Luna.
El descubrimiento también podría ser relevante para obtener evidencias de una posible “lluvia” de “nieve de hierro” que existiría en el centro líquido de Mercurio.